En realidad vio surgir una noción incluso más simple que la doctrina de Hipócrates, es decir, la teoría de la preformación, que consideraba el proceso del desarrollo individual como un simple desplegarse de un diminuto enano preformado u homúnculo, presente en el semen del padre o en la sangre de la madre. Esta opinión conduce necesariamente a la creencia de que todas las generaciones posteriores de la raza humana habría sido ya performadas, una dentro de otra, en Adán o en Eva, dependiendo de los papeles relativos asignados al macho y a la hembra.
La nueva era en la que se revelaron por fin los mecanismos que gobiernan la autorreproducción del hombre y de las demás criaturas no despuntó hasta que Mendel aportó sus opiniones radicalmente nuevas.

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