lunes, 20 de febrero de 2012

EL RENACIMIENTO.

El renacimiento, que había iniciado el  nuevo despertar del interés en las ciencias físicas y la desestimación del dogmatismo supersticioso, proporcionó pocos atisbos nuevos en la herencia.

En realidad vio surgir una noción incluso más simple que la doctrina de  Hipócrates, es decir, la teoría de la preformación, que consideraba el proceso del desarrollo individual como un simple desplegarse de un diminuto enano preformado u  homúnculo, presente en el semen del padre o en la sangre de la madre. Esta opinión conduce necesariamente a la creencia de que todas las generaciones posteriores de la raza humana habría sido ya performadas, una dentro de otra, en Adán o en Eva, dependiendo de los papeles relativos asignados al macho y a la hembra. 


La nueva era en la que se revelaron por fin los mecanismos que gobiernan la autorreproducción del hombre y de las demás criaturas no despuntó hasta que Mendel aportó sus opiniones radicalmente nuevas.

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